29 abril 2006


Rafael Algarra,
en el baile de las trasmigraciones



Dice Rafael Algarra que el origen de su novela
La Dama del Frío (Maikalili Ediciones) fue un sueño
que le abrió las puertas a una narración
cargada de biografía,
o -como diría Tabucchi- de autobiografías ajenas,
de historias, retornos en el tiempo, e incluso de vidas pasadas,
de vidas, en definitiva, después de la vida.

Leyendo La Dama del Frío me venían a la memoria unos versos desperdigados de Kavafis: “voces imaginarias y amadas / de aquellos que murieron o de aquellos que están / como los muertos, perdidos para nosotros. / A veces nos hablan en sueños; / a veces, en su imaginación, las oye el pensamiento / y, con su sonido, retornan por un instante / ecos de la poesía primera de nuestra vida, / como música que en la noche se extingue lejana.”

Y es que la última novela de Rafael Algarra es un relato en el que, como en el poema de Kavafis, transitan las voces imaginarias y amadas de aquellos que murieron o que , como dice el poeta, están también, como los muertos, perdidos para nosotros... Voces que en el relato se revelan , a veces, mediante el sueño, y que van dirigidas directamente al pensamiento, a la reflexión.

Una historia de fantasmas ‘reales’
Como aviso para navegantes lo primero que debería saber el lector es que La Dama del Frío es como la caja china de un prestidigitador que esconde en el interior de su relato otras pequeñas cajas. Pues aunque la línea argumental se vertebra en torno a un vagabundo, que acabó recalando en la playa de L’Estartit , y a quién Rafael Algarra llegó a conocer bien, y su acción se sitúa en el horizonte mágico de las Islas Medas, la novela le sirve al escritor de escenario natural en el que reconstruir la tragedia ‘mínima’ de unos personajes condenados a reencontrarse desde el principio de los tiempos. Tema que le permite a Rafael Algarra ahondar en la práctica siquiátrica de las regresiones hipnóticas, en un intento de tratar de explicar el presente. Como si se tratara de un misterioso baile de reencarnaciones y máscaras en el que se intercambian e invierten los papeles, moviéndose con soltura en el peligroso filo de la cordura, la explicación científica, y el pensamiento esotérico.

“-Las experiencias del conde de Rochas,-escribe Rafael Algarra haciendo referencia a uno de los pioneros del espiritismo-, fueron apasionantes. Supongo que debes conocer la historia de la joven Joséphine. Fue la primera paciente con la que consiguió una prueba irrefutable de regresión. Después de hipnotizarla mediante pases, magnetizándola con sus manos, primero consiguió hacerle recordar episodios de su vida intrauterina, para luego ir retrocediendo hasta antes de que naciera. Profundizando aún más el sueño magnético, Josephine habló con voz de hombre y dijo llamarse Jean Claude Bourdon, nacido en mil ochocientos doce, en Champuent.
-Tonterias –le replicó madame Brossier-. Si eso fuera cierto, ¿cómo es que ninguno de nosotros recuerda nada de sus vidas anteriores?
-Los griegos lo atribuían a que antes de regresar a la vida corporal bebemos de las aguas del río Leteo. Pero la ciencia moderna lo atribuye a que una vez que traspasamos el útero materno, actúa la oxitocina; una hormona que regula las contracciones uterinas en el momento del parto, que provoca amnesia en animales de laboratorio. “Es por bondad de la naturaleza que no recordamos nuestros nacimientos anteriores”, una afirmación que no es mía sino de Gandhi, que decía que la vida sería una carga insoportable si arrastráramos todos los recuerdos de nuestras vidas pasadas.
-Eso es una creencia que no sostiene ni acepta la Iglesia Católica –insistió en contradecirle madame Brossier.
-Los primeros Padres de la Iglesia creyeron en la reencarnación hasta el sexto Concilio de Constantinopla el año cincuenta y tres, después de Cristo, cuando el emperador Justiniano cerró la escuela Neoplatónica en Atenas y desterró sus enseñanzas. A dicho congreso se negó a asistir el Papa Virgilio y San Francisco de Asis, por no estar de acuerdo con las exigencias del tirano. San Agustín decía que “el mensaje de Platón, era el más puro y luminoso de toda la filosofía”, y por si no lo sabes, el gran filósofo griego no pone en duda la metempsicosis o trasmigración de las almas. Incluso nos habla de ellas en el diálogo de Fedon y en su obra Gorgias , cuando atribuye a Sócrates la frase: “¿quién sabe si vivir es morir y morir es vivir?”.
La cita es larga pero creo que sirve para dar una idea de la dimensión esotérica que adquieren algunos diálogos y situaciones de La Dama del Frío. Novela que al lector, y al crítico, a veces le pueden hacer pensar que está ante uno de esos relatos de tesis filosófica del siglo de las luces. No en vano el eje central es , como ya hemos dicho, el roussoniano tema del buen salvaje y la crítica social, aunque la ambientación contemporánea nos remita a Internet o a técnicas sicoanalíticas. Y sin que falte, tampoco, la presencia continua del mar y del paisaje ampudanés:

“A aquellas horas de la mañana la playa estaba aun desierta. Si bien algunos bañistas dispersos tomaban el sol, desnudos, ocultos tras los matorrales de las dunas. La inmensa vastedad de arenas se extendía solitaria desde el pueblo de L’Estartit hasta la playa de Pals, sólo interrumpida por los ríos Ter y Daró. Aunque este último fuera un río más simbólico que real, porque estaba seco, ya que los cultivadores de arroz utilizaban sus aguas para inundar sus campos. Las serenas marismas, próximas a la desembocadura del Ter, albergaban simpáticos patos silvestres de cuello verde, seguidos de su vivaracha prole, que parpaban entre los juncos. Los Martín pescador levantaban su alborotado vuelo para después posarse sobre las ovejas que se dejaban espulgar en un intercambio de tú me alimentas y yo te libro de un incómodo piojo mientras pastaban próximas a los cañaverales. Una plaga de gaviotas picoteaba entre los detritos generados por la orolifera presencia humana, junto a la orilla del mar”


Datos para una biografía apresurada

Rafael Algarra Bernabeu nace el 1 de septiembre de 1945 en Barcelona, ciudad en la que cursa sus estudios de Piloto y Capitán de la Marina Mercante. Profesión que le haría navegar durante más de catorce años por África, Sudamérica, Norteamérica y Alaska. Así como por el Pacifico Sur y las ensoñadoras islas de Tahití, Bora Bora, Rahiatea, Huahine y Ranguiroa. Y que en su últimos años como marino, enrolado en la compañía Marasia, le llevan a cubrir la línea regular que enlaza Sudamérica con Australia e India . Viajes plagados de historias, peligros y ‘aventuras’, -y algunas veces también monotonía-, de los que Rafael Algarra no suele hablar mucho, aunque, cuando se le suelta la lengua, lo hace cargando su mirada de malicia y espíritu burlón. Un espléndido material biográfico que estoy seguro que no tardará en formar parte de sus novelas.

Escritor profundamente inquieto, e interesado desde siempre por las nuevas tecnologías, Rafael Algarra ha ofrecido también sus obras a través de la ‘navegación’ por Internet, en experimentos editoriales, como el de su novela histórica Oruch (publicada desde las páginas de
http://www.thalassa-online.com). Novela que versa sobre un controvertido corsario de finales del siglo XV y principios del XVI que aterrorizó a los pueblos ribereños del Mediterráneo, y que a pesar de ser griego luchó en favor del turco y siendo cristiano abjuró de su fe para profesar la religión musulmana. Todo un personaje, rescatado de los archivos y reconvertido en epopeya.

Como Herman Melville, Conrand, o Jack London , Rafael Algarra es un viejo lobo de mar que nunca ha dejado de entregarse al difícil y solitario arte de ‘marear’ la literatura. Dedicación que le ha llevado a ser autor de doce novelas, diez obras de teatro, veinte narraciones cortas y más de ciento sesenta sonetos. Con títulos entre los que destacan las obras de teatro Alejandro Malaspina, o Caos; y las novelas El caballero de las islas del viento, La ruta de la dama blanca, Muñecas de ébano, o su última entrega La Dama del frío. Una novela de múltiples lecturas, escrita con agilidad, y que mantiene en todo momento la complicidad del lector y plantea enigmáticas preguntas sobre la vida y la muerte. .

Miguel Morales



21 febrero 2006

George Orwell,el marido que
quiso ser amante

Los últimos acontecimientos bélicos,
la configuración enigmática de la historia más reciente,

así como el cariz tempestuoso que está adquiriendo
la globalización, justificarían de por sí, si ello fuera necesario,
la lectura y reivindicación de George Orwell,
apocalíptico profeta de un mundo en el que la más irracional
lucidez ha devorado a la poesía.

Recordé la crueldad que le hice a una abeja.
Estaba chupando mermelada de mi plato y la corté
en dos pedazos. No hizo caso y siguió comiendo
mientras un chorrito de mermelada le salía
por el esófago. Sólo cuando intentó volar
se dio cuenta de aquello tan horrible
que le había pasado.
George Orwell


Miguel Morales

Una de las cosas que más me ha sorprendido siempre de la ensayista, novelista y realizadora de cine norteamericana Susan Sontag es el hecho de que no escribe como si fuera un hombre de letras. ni nos hace pensar en una George Sand vestida de hombre. Sino simplemente en una mujer de gran lucidez dispuesta a dividir el mundo de las Artes y de las Letras en dos inmensos grupos: el de los amantes y el de los maridos. Y todo ello con la frescura cínica y corrosiva de un Woody Allen un poco más erudito y menos contracultural. Pues como dice Sontag. en el arte como en la vida. los grandes escritores son o bien maridos o bien amantes “algunos escritores reúnen las sólidas virtudes del marido: honestidad. inteligencia. generosidad. decencia. Hay otros escritores en quienes se aprecian los dones de un amante, dones de temperamento. mas que de bondad moral. Notoriamente las mujeres toleran en el amante atributos (mal humor, egoísmo ,insinceridad , brutalidad) que nunca consentirían en el marido. porque el amante a cambio excita, infunde intensos sentimientos. Del mismo modo los lectores transigen con la ininteligibilidad,siempre que el autor en compensación les permita saborear raras emociones. Y en el arte como en la vida, ambos maridos y amantes son necesarios. Es una lastima cuando existe la obligación de escoger entre ellos.”
Lo cierto es que si aceptamos esta jugosa clasificación. menos ambigua que la ya clásica propuesta por Sartre de autor «comprometido» y autor «no comprometido». que es una clasificación de filosofo marido y erudito, rápidamente comprobamos que, a excepción de épocas pasadas, en nuestro siglo han predominado los amantes. E incluso que los mejores maridos del Arte y de la Literatura parecen tener mala conciencia y desearían ser amantes, pues la perversidad, sin lugar a dudas, es la musa más fructífera de los tiempos modernos.
A su manera George Orwell también ha dividido el mundo de la literatura en dos bloques; y su clasificación recuerda necesariamente a la de Sartre pero también a la de Susan Sontag.

Orwell (seudónimo de Arthur Blair) retoma de Huxley la historia del Jonás bíblico y la ballena, y a partir del mito secciona el mundo literario en dos bandos: de una parte el de los escritores que como Jonás están dentro de la ballena y de otra el de los que, por el contrario, se hallan fuera. La imagen de la ballena sin duda. hace pensar en Melville pero tiene un signo muy distinto al de « Moby Dick», pues para Orwell la ballena no es diabólica sino maternal, algo así como un inmenso útero al que retornar. Un no-nacimiento: el rechazo más absoluto a un mundo contra el que el escritor se rebela.
Pero de hecho. aunque la postura de Orwell es manifiestamente contraria a la del intelectual
ensimismado, enclaustrado en el gigantesco interior deI cetáceo, hay algo constantemente en su obra y en su biografía que nos pone en guardia, y nos hace intuir una cierta nostalgia de la huida, el más intimo deseo de « arrojar la toalla». de poder el mismo desinhibirse, ‘ descomprometerse’, aislarse de la realidad, ser amante en lugar de marido: - “ estar dentro de la ballena, escribe Orwell-. es algo muy cómodo, agradable y casero. Jonás se alegró mucho de escaparse, según nos cuenta la historia, pero lo cierto es que en el sueño o despiertos en estado de ensoñación, mucha gente ha envidiado a Jonás. La causa es obvia: El vientre de la ballena es lo suficientemente amplio para que en él quepa confortablemente un adulto. Allí esta uno en la oscuridad. en un espacio acolchado, con yardas de esperma entre uno y la realidad, pudiendo
adoptar suceda lo que suceda la más completa indiferencia.”
Aunque de origen inglés. Orwell, nacido en Mothiari (India) en 1903, comparte la arraigada idea oriental de la vida como fuente de sufrimiento y de la extinción total como supremo descanso. Y precisamente ésta es la clave de lo que para él significa poder estar en el interior de la ballena: «Casi como si estuviese uno muerto». Esa es la etapa final. insuperable. de la irresponsabilidad.. Y es que, como Jonás, Orwell desde su más temprana infancia se ha visto expulsado de la ballena; pero. al contrario que Jonás, no puede sentirse satisfecho con su situación porque el mundo no le gusta tal como es. Fue un luchador, pero podría haberse quedado en suicida.
El padre de Orwell estaba encargado en Mothiari del Departamento del Opio; su Madre, de ascendencia francesa, era hija de unos comerciantes birmanos. Los años escolares de un casi «angloindio» como Orwell asentada ya su familia en Inglaterra. son recordados como años pasando terrores irracionales y padeciendo incomprensiones lunáticas. “Un niño que parece razonablemente feliz puede estar sufriendo horrores que no puede o no quiere revelar. Vive en una especie de mundo submarino en el cual solo podemos penetrar por la memoria o la adivinación”. A los 19 años ingresó en la Policía Imperial de Birmania; era el año 1922 y permaneció en esta ocupación hasta 1928. Este fue probablemente uno de los periodos que más huella dejó en el joven Orwell y quizás supuso la segunda y definitiva expulsión del interior de la ballena .
De esta época Orwell parece que siempre guardó un complejo de culpabilidad que explica en buena parte su posterior evolución y su profundo conocimiento de los mecanismos del imperialismo. Problemática que reaparece una y otra vez en toda su obra, ya sea de manera directa como en La marca novela en la que se plantean los graves problemas de identidad de los angloindios y las brutales secuelas coloniales, o bien de forma indirecta tanto en Rebelión en la granja como en 1984 por citar sólo dos de sus obras mas controvertidas y emblemáticas.
Los años siguientes fueron para Orwell años de reflexión y de descubrimiento del mundo en sus aspectos más sórdidos y dolorosos y coinciden con la publicación de Sin blanca en Paris y Londres, pues para Orwell la lucidez parece haber devorado cualquier posibilidad de poesía en un mundo en el que ya ninguna vida le resulta encantada. «Recordé -escribe Orwell- la crueldad que le hice a una abeja. Estaba chupando mermelada de mi plato y la corté en dos pedazos. No hizo casa y siguió comiendo mientras un chorrito de mermelada le salía por el esófago. Sólo cuando quiso volar se dio cuenta de aquello tan horrible que le había pasado. Igual le ocurre al hombre moderno” Y así no puede sorprendernos el que cuando en 1928 coincide en París con la bohemia artística y los novelistas norteamericanos. a diferencia de un Hemingway, una Gertrude Stein, un John Dos Pasos o un Henry Miller, el Paris de Orwell lo sea todo menos una fiesta. Y que, a diferencia, de todos ellos, el hambre y la miseria superen en Orwell cualquier posible
dimensión estética, y no es en absoluto casual que, desde una perspectiva antagónica, cuando Orwell ofrece un ejemplo de autor inmenso en el interior de la ballena vea en Henry Miller el más claro exponente de su teoría.
Antes de partir a luchar a la guerra civil española. en el bando republicano, Orwell había mantenido una entrevista con Miller y, aunque aparentemente los puntos de coincidencia debían ser muchos, un Orwell duro y politizado se encontró con un Miller vulnerable y anárquico. Y pese a que ambos se confesaban amantes de la paz, mientras Miller manifestaba su amor por la paz rehusando luchar en cualquier causa, Orwell se sentía obligado a ir a combatir por una causa justa. Pues lo que más sorprende del autor de A mi manera colección de artículos periodísticos, Subir a por aire, La marca, Rebelión en la granja,
1984, Homenaje a Cataluña o Mi guerra civil española, lo que verdaderamente sorprende es el hecho de que en un ámbito literario dominado por locos geniales Orwell escogiese la seriedad de la cordura.
A veces se le ha comparado con el autor de Los viajes de Gulliver ; a mí su figura me recuerda a Larra. Un Larra para quien escribir es llorar y que boga en solitario y contra corriente . «Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto»; la confesión pertenece a Orwell, pero podría haberse escapado de la pluma del «Duende satírico de día», al igual que esta otra: «Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir».
Durante la segunda guerra mundial colaboró en la BBC y en el diario Tribune. De esta época data su controvertida y genial Rebelión en la granja. Liberado Paris en el 45, fue corresponsal en esta ciudad del Observer, y viajó a Nurenberg y Stuttgart. En 1946 comienza a escribir su novela «1984», que sería editada ocho meses antes de su muerte, un 21 de enero de 1950. Un Orwell que tenia 46 años y al que sutiempo escogió como testigo.

http://www.elpatiodelaluna.com